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THE VAGUE ONE OF THE SEAT

Un blog delirantemente sensual e ilustrado

19 Marzo 2006

GUZMÁN VERSUS LAVÍN

CARLOS PEÑA GONZÁLEZ
Son dos tipos de liderazgo que se enfrentan en un mismo partido: la UDI. Joaquín Lavín, a diferencia de Jaime Guzmán, no construyó su figura a punta de ideas que tratan de conciliar la lucha por el poder con la eternidad.
Incluso ya avanzada la primavera se hacía acompañar de un auxiliar que antes de iniciar las clases prendía una estufa. Era como si su extraordinaria frialdad de ánimo de pronto se transmutara en pequeños escalofríos físicos. Vestía abrigo y unas gafas gruesas, que hacían ver sus ojos más pequeños y más redondos de lo que seguramente eran. Calvo, esmirriado y pálido, tenía una mandíbula que comenzaba ancha y luego se angostaba en el mentón. Cuando reía mostraba unos dientes levemente desordenados. Por eso su sonrisa tenía esa rara juventud.
Rezaba un padrenuestro y un avemaría al principio de la clase. Y se persignaba justo antes de comenzar a explicar que una cosa era la dictadura que entonces vivíamos, y que él apoyaba sin ningún género de culpas, y otra distinta el totalitarismo, del que, gracias a Dios, habíamos sido salvados.
En su conjunto nada hacía pensar que él -ese sujeto de aspecto tímido que, con calma chicha, dictaba clases sin auxilio del más mínimo papel, y citaba sin citar a Vásquez de Mella, a Lira, a Philippi, a Manzer- fuera capaz, sin que se le moviera un pelo, de participar en polémicas, erigir una justificación ideológica al golpe militar, redactar una Constitución, pelearse con obispos, aconsejar a Pinochet, manejar los pasillos del poder, fundar un partido político, romper otro, cooptar a algunos de sus rivales, y todo eso inspirado en una amalgama de hispanismo católico, corporativismo medieval, conservantismo a la Hayek, costumbres algo neuróticas, deseo de poder y ansias de salvación eterna. Nada hacía pensar que ese profesor hipnótico que respiraba un tomismo más o menos elemental, andaba en micro y se dejaba tutear, y cuya fama de inteligente se consolidó como por milagro -cuando en Chile apenas había universidades, los intelectuales eran pocos y el debate público brillaba por su ausencia-, llegaría a ser el líder más astuto y más carismático que ha tenido la derecha en Chile.
Porque la UDI debe su existencia -aunque no necesariamente su futuro- a la porfía de iluminado, la paciencia de estratega y la ceguera pragmática de Jaime Guzmán Errázuriz.
Por eso la UDI, más que un partido leninista (por lo del centralismo democrático), se parece a una empresa familiar, o a los inicios de un credo religioso.
Es una de esas organizaciones donde a la hora de decidir quién manda, las redes simbólicas y el recuerdo personal pesan más que el mérito y la competitividad. Un ejemplo casi perfecto de esas agrupaciones donde lo adscrito gravita más que lo adquirido; el compromiso emocional, más que la neutralidad afectiva; la confianza personal, más que la lealtad a las reglas, y la planificación centralizada, más que la competencia entre sus militantes. Un partido, en suma, que está dominado por una minoría consistente que ha sabido echar al olvido su apoyo a la dictadura y ganar la adhesión del electorado, sin modificar, me temo, ninguna de las creencias básicas que en ese entonces le permitieron justificar todo.
No es raro, entonces, que la UDI logre entusiasmar a personas de credos y convicciones disímiles (en sus cuadros dirigentes hay desde conservadores a la Hayek a discípulos envejecidos del cura Lira) y a amplios sectores populares. Es que así son las minorías consistentes. Y así es la política. Después de todo, ritos más, ritos menos, todos los partidos aparecen tarde o temprano dominados por una pequeña oligarquía que selecciona a la dirigencia, controla los procesos, formula las ideas y castiga a los disidentes.
Hasta que llega el día en que esa oligarquía comienza a envejecer y necesita renovarse.
Las razones para que eso ocurra son muchas. El carisma se rutiniza y ni siquiera el recuerdo de los mártires logra despertar entusiasmo. El capital simbólico se despilfarra por dos o tres incidentes incontrolables. Los competidores adquieren conductas nuevas que requieren ser emuladas. El fracaso repetido en la competencia electoral desprestigia a la dirigencia. Y así. Como quiera que sea, las minorías dominantes son desafiadas por la mayoría. Es lo que hoy le ocurre a la UDI.
Pero por supuesto, lo más probable es que la sangre no llegue al río y que, como ha ocurrido otras veces, se eluda la democracia directa.
El recuerdo de Jaime Guzmán vendrá de nuevo en su ayuda.
Porque Jaime Guzmán nunca atribuyó a la democracia un valor intrínseco (de ahí que no temiera perder las elecciones y fuera capaz de ceder cargos con tal generosidad, que incluso sus adversarios lo agradecían). Él pensó (y así lo exponía con una elocuencia elegante y tono definitivo) que la legitimidad de ejercicio era la que de verdad importaba; ¿si el poder se ejerce con corrección y con miras al bien común, solía preguntar, qué importa la manera en que se haya originado? Creyó también que la voluntad del electorado debía subordinarse a entes supraindividuales como la Nación. Si la Nación ha soportado el plebiscito de los siglos, ¿por qué habríamos de arriesgar su unidad por mayorías transitorias? Es probable que un argumento semejante -donde en vez de la Nación se invoque al Partido y donde en vez de siglos se hable de años- se oiga por estos días en la UDI.

Se trata, sin embargo, de un argumento que es difícil conciliar con el otro liderazgo -harto distinto al de Guzmán- que la UDI ha logrado producir.

Me refiero al de Joaquín Lavín.

Joaquín Lavín no se ha interesado mucho en el hispanismo y sospecho que el tomismo, más allá del estrictamente necesario para mantener la fe, lo tiene sin cuidado. Él, a diferencia de Guzmán, no construyó su liderazgo a punta de ideas que tratan de conciliar la lucha por el poder con la eternidad. El suyo es un liderazgo de soluciones rápidas y eficientes, atento a responder las demandas y las expectativas de la gente. Lo suyo no es la nación. Tampoco el pueblo. Lo suyo son las audiencias y los consumidores. El liderazgo de Lavín no guía, sigue. No se apresura en decirle a la gente adónde hay que ir. Se preocupa primero de saber adónde quiere ir la gente y luego se dispone a aprovechar esa fuerza a favor de lo que cree.
Esas son, sospecho, las dos fuerzas que hoy día se enfrentan -con dura gentileza y algunos portazos- en las asambleas de la UDI. De una parte, los amigos de Guzmán en su mejor época de consejero del príncipe y, de otra, los políticos jóvenes que han saboreado, al lado de Lavín, la embriaguez de la competencia electoral. Y sospecho que si Jaime Guzmán estuviera vivo, echaría mano a su astucia de ajedrecista, y fiel a las circunstancias optaría poco a poco por oír a los más jóvenes. No, claro, porque les atribuyera especial clarividencia, sino porque en él -junto al hispanista, el católico anticlerical y el conservador a la Hayek- habitaba alguien que sabía que para mantener el poder no siempre se puede ir contra la corriente.

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max

max dijo

Lavín es una expresión muy utilizada en mi tierra, Almería, que dicho sea de paso,es la más bonita del mundo.

Significa sorpresa.

19 Marzo 2006 | 05:59 PM

rosa-de-la-paz-cabezas

rosa-de-la-paz-cabezas dijo

Cada epoca tiene sus figuras emblemáticas, también hay mucho d marketing en esto, y bueno, yo tuve la ocasión de trabajar en el patio 19 y ver , tocar osamentas de menores de edad k jamás supieron por k morían de un balazo en la espalda o un golpe de corvo. Excesos, amnistía, etc.Pero lo k importa es k detrás de las oscilaciones izquierda derecha típicas de la historia de la política chilena, falta organización de la gente, articulada en torno a necesidades y con proyectos concretos. Esas movilizaciones estudiantiles o de los combatientes sirven para k la gente de ultra las use para decir, vieron lo k pasa con un gobierno socialista, y más encima de una mujer. Yo creo en educar, en conocer primero los derechosl las formas de canalizarlos, exigirlos , creo en las comunidades y no en los políticos de profesión, salvo k su trayectoria los avale.
Espero k a mi presidenta la dejen gobernar, espero k ella tenga claridad en la malla de titireteros k crece a su alrededor, espero k surjan líderes d reflexión y k no nos manipulen sin k al menos sepamos de dónde vienen los hilos.
Hay tanto por hacer, mira, date una vuelta por la plaza, conversa un poco, hay mucho por hacer, por desarrollar y aclarar, aúnk yo sé k la vida arrastra detrás del horario y las cuentas y los amores y desamores, pienso k la reflexión crítica, el darse cuénta , igual es un buen signo.Saludos.

4 Abril 2007 | 06:25 PM

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