Hermógenes Pérez de Arce
El impedimento que tiene la derecha para ganar elecciones reside en que no ha podido atraer hacia sí al tercio de centro, es decir, a la DC, cosa que, en cambio, ha logrado la izquierda radical-socialista.
Sí, ya sé. Hace unos meses declaré "clínicamente muerta" a la derecha. Es que era (y es) tal el predominio de la Concertación en el manejo de la agenda pública y de los medios, que la Alianza parece a ratos cataléptica. El oficialismo crea y modifica las imágenes políticas del pasado y de la actualidad a su amaño. Pero, siendo ello verdad, si uno hace un balance de los resultados no puede negar la evidencia de que a la derecha, pese a todo, le ha ido bien. Pocos se han dado cuenta, es verdad, porque ha sido una y otra vez derrotada en elecciones a lo largo de dieciséis años, pero el hecho es que hoy día goza de una fortaleza electoral que no conseguía desde la década de los '40 del siglo pasado.
Sabemos que antes de 1973 el electorado chileno estuvo dividido en tres tercios: izquierda, centro y derecha. Pues bien, hoy día esta última se halla empinada bastante por encima del tercio, como que obtuvo un 47 por ciento de los votos en la elección presidencial reciente y un 39 por ciento en la parlamentaria, al tiempo que uno de los partidos que la forman, la UDI, es hoy el mayor del país. Los otros dos tercios teóricos, la izquierda radical-socialista y el centro DC, aun si se añadiera a la primera la votación de los comunistas y sus compañeros de ruta, están bastante por debajo de sumar dos tercios matemáticos. El impedimento que tiene la derecha para ganar elecciones reside, entonces, en que no ha podido atraer hacia sí al tercio de centro, es decir, a la DC, cosa que, en cambio, ha logrado la izquierda radical-socialista.
La imposibilidad de una alianza de centroderecha se originó hace muchos años, más de cuarenta. En 1964, elegido Presidente el DC Eduardo Frei Montalva, con los votos de su partido y de la derecha, se presentó la oportunidad de reeditar en Chile el "milagro" encabezado por la DC alemana, con un gobierno de centroderecha y una economía libre y socialmente eficaz.
Sin embargo, pese a gozar de condiciones externas extraordinariamente favorables (alto precio del cobre, ayuda foránea cuantiosa y gran simpatía internacional), y a que ganó gracias a la derecha, Frei Montalva se inclinó a la izquierda, fundado en una "vía no capitalista de desarrollo". Esta, más allá de sus indefiniciones, resultó inefectiva para lograr el crecimiento económico y el bienestar social, al punto de que tanto la izquierda como la derecha se fortalecieron a su costa, relegando a la DC al tercer lugar en la elección de 1970. Y ante el virtual empate en dichos comicios de aquellas dos fuerzas, la DC, una vez más, se inclinó a la izquierda y posibilitó con sus votos en el Congreso Pleno el gobierno socialista-comunista que, en mil días, devastó al país, lo puso al borde de una guerra civil y estuvo a punto de consumar un autogolpe totalitario.
Tras el gobierno militar, que recibió una nación en ruinas y devolvió "la joya más preciada de la corona latinoamericana" (Bill Clinton), nuevamente se abrió la oportunidad de estructurar un poderoso y mayoritario frente de la DC con los partidos de derecha. Pero aquélla, otra vez, prefirió la alianza hacia la izquierda, formando la Concertación actual.
Este permanente "sesgo a siniestra" obedeció en gran parte a la inspiración sostenida de un destacado dirigente y parlamentario, Radomiro Tomic, que siempre empujó a la DC en ese sentido, fundado en su slogan: "cuando se gana con la derecha, es la derecha la que gana". Todo un sofisma, pues cuando la DC ganó con la derecha fue cuando más cosechó, en tanto ésta fue la que perdió y casi desapareció del mapa político (1965). En cambio, en su alianza con la izquierda, en estos dieciséis años, la DC ha perdido posiciones y enfrenta un futuro problemático, mientras la izquierda ha salido gananciosa. Ya van dos elecciones presidenciales en que la DC ni siquiera ha podido presentar candidato propio. Además, ha disminuido sus votos y ha dejado de ser el principal partido del país. Mientras tanto, el ala socialista de la Concertación se ha fortalecido y la ha superado.
Es decir, administrando un tercio del electorado, el del centro político, la DC lo ha convertido en el más pequeño de los tres. Claro, en retroceso electoral y todo, recibe compensaciones. No le han sido escatimados cargos públicos, sobresueldos, embajadas, indemnizaciones millonarias y otras prebendas. Ha recibido un precio alto a cambio de dar a la izquierda una credencial democrática.
La derecha, a su turno, si bien ha estado largo tiempo fuera del poder, ha disfrutado de no pequeñas satisfacciones políticas. En primer lugar, ha visto cómo el modelo de desarrollo económico-social que ponen en práctica los sucesivos gobiernos concertacionistas se parece mucho más al que ella siempre prohijó que a los proyectos propios y originarios de la izquierda (socialismo marxista-leninista) y de la DC (socialismo comunitario). En segundo lugar ha conseguido una envidiable representación parlamentaria y municipal, largo más allá del supuesto tercio que representa, en senadores, diputados, alcaldes y concejales.
Pero no ha podido vencer a los dos tercios restantes, porque la diosa Fortuna ha favorecido a éstos con una coyuntura económica mundial de altos precios del cobre y materias primas, acceso al crédito externo con bajas tasas de interés y apertura comercial (otra idea de derecha, originalmente rechazada por la izquierda), que en conjunto han traído bienestar a la mayoría, pese a que la minoría más pobre, perjudicada por inflexibilidades laborales y otras intervenciones dirigistas en los mercados, sufre privaciones y desempleo (entre el cinco por ciento indigente la desocupación bordea el 50 por ciento). El actual gobierno ha logrado también un gran avance en infraestructura, fundado, asimismo, en otra idea de derecha, la privatización de las obras públicas a través de concesiones.
Con todo, la derecha ya se ha acercado dos veces peligrosamente a conquistar el poder: una en 1999-2000, cuando alcanzó el 49 por ciento de los votos, y otra en 2005-2006, cuando obtuvo el 47 por ciento. Es decir, cualquier traspié político interno de cierta entidad u otro shock externo del estilo de la crisis asiática podría trasladar algunos puntos porcentuales desde la Concertación a la Alianza y darle el triunfo a ésta en una próxima elección presidencial.
Es, entonces, como para que la DC se ponga a reflexionar. Sobre todo si se ve acicateada por su progresiva jibarización, por el visible deterioro de los valores morales en que funda su doctrina y por el debilitamiento de la familia, pilar tradicional del ser democratacristiano.
Por consiguiente, la derecha, hoy el tercio más fuerte de la política chilena, debería estar disponible para integrar un frente como el que Frei Montalva renunció a constituir hace cuarenta años. Esos dos tercios de centro-derecha, electoralmente imbatibles, nos habrían librado de los males que vinieron después y brindado décadas de tranquilidad y prosperidad que nos tendrían hoy ya en el primer mundo.
Si "la verdad tiene su hora", como escribió Frei Montalva, y siendo verdad que un frente del centro y la derecha podría mejor que ningún otro triunfar en las elecciones y garantizar la solidez moral y material del país, parece ser ya hora de ir pensando y haciendo lo necesario para que, antes del término del breve mandato presidencial actual, se convierta en una realidad.
Escribe un comentario